¡Hola a todos!
Este noviembre volvemos con las historias, y esta vez vamos a reiniciar una de mis favoritas (¡hasta tengo el LEGO de la película!). No podía ser otra que Crepúsculo.

Esta saga de películas forma parte de aquella era en la que las adaptaciones de novelas juveniles dominaban el cine. En su momento fue algo único, casi revolucionario. Hoy en día ya no sorprende tanto, porque estrenan adaptaciones a una velocidad increíble, pero en su época Crepúsculo fue toda una epicidad.

Claro que la primera película no es precisamente recordada con cariño universal: muchos la consideran una de las peores películas de la historia, ¡hasta tiene un premio por ello! Pero, a pesar de todo, tiene algo que la hace inolvidable.

¿Y de qué va la historia?
Seguimos a Bella Swan, una chica amable, callada y un poco fría que se muda a un pequeño pueblo cerca de Seattle, donde parece que siempre está nublado. Por un accidente, Bella descubre un secreto que cambiará su vida por completo: Edward Cullen, el chico misterioso del instituto, no es un adolescente normal… es un vampiro.

A partir de ese momento, la historia se convierte en una mezcla de romance, peligro y fantasía. Bella se siente cada vez más atraída por Edward, aunque sabe que su cercanía podría costarle la vida. Él, por su parte, lucha entre su amor por ella y su naturaleza vampírica, creando una tensión que marcó a toda una generación.

Y claro, no podemos olvidar al tercero en discordia: Jacob Black, el amigo de la infancia de Bella, que también esconde un secreto sobrenatural. Así nació el legendario debate entre #TeamEdward y #TeamJacob que todavía sigue vivo entre los fans.

Más allá de las críticas, los memes y las parodias, Crepúsculo dejó huella. Fue una saga que definió una época con su estética gótica, su banda sonora inolvidable y ese toque de amor imposible que —aunque muchos no quieran admitirlo— todos recordamos con cierta nostalgia.

Pero esto es solo el comienzo ya que la historia la iremos contando durante esta semana esto es solo el principio